Te he llorado de todas las formas posibles así que sí sé lo que es permanecer todo el tiempo en el embudo de las lágrimas desde el estado que quema el corazón fundido hasta el líquido en el que se convierte y derrama por el rostro.
Te he llorado cada lágrima del mundo, así que no me hables de dolor si no eres capaz de permanecer en pie con el mundo destrozado por dentro.
Algunas lágrimas cuentan historias. Por ejemplo las mías, cuando amanezco creativa y me asomo a la cocina, charlan frustradas sobre cómo no pueden evitar romperse al contacto con el vapor de las cebollas.
Otras, que conozco, callan palabras y no imaginas todo el peso que cargan pero te das una idea del qué por lo transparentes que se observan al caer por las mejillas.
Algunas lágrimas están peleadas con el mundo. Salen y se largan sin avisar y te dejan el alma seca por dentro.
Las de rabia, las de furia. Las que asesinan con los ojos. Las de las heridas de fuego por el ego roto.
Las lágrimas más suaves son las que acaricias del rostro de un hijo cuando se ha inundado de tristeza. Las lágrimas del corazón roto que se repara al momento con un abrazo y una multitud de besos mágicos.
Lágrimas inexistentes. Invisibles. De cristal que se incrustan en el corazón herido de quien se tragó una pena y nunca la gritó hacia el mundo.
Lágrimas de hipocresía tan maquilladas como el rostro detrás de la máscara de quien te escupe la mentira.
Lágrimas añejas que saben a ron. De las que jamás lloras hasta que un día alguien llega y te perfora el corazón que contiene la barrica llena de vino amargo acentuado con olvido.
Las lágrimas nunca son de alegría, son la risa cristalina saliendo en forma de silueta de agua.
Las lágrimas del cielo que toman forma de lluvia cuando el día se pone melancólico.
Sabes que son lágrimas de un ángel cuando se conmueven todas las fibras de tu piel como si la pena fuera tuya y te estuviera quemando por dentro.
Las lágrimas del mundo de los que no tienen voz, rostro, ni derechos. Con la lengua amordazada, la libertad fracturada y el cuerpo perdido, lastimado o lapidado por fuera y por dentro.
Las de sangre por la pérdida de un hijo. Las de sal que se pierden en el mar del olvido. Las de lluvia cuando Dios lo limpia todo.
Te he llorado todas las lágrimas del mundo, así que no me hables de dolor si no aprendiste a caminar todo el tiempo con una sonrisa en los labios mientras tu corazón yacía roto.