martes, 5 de enero de 2016

De la serie Volver: Los primeros cinco días de enero.

Vértigo es lo que se siente
al dejarse caer 
por el precipicio abierto a tus caderas,
y reconfortante es ir de sueño en sueño
y de boca en boca
y tirar
porque me toca,
pero que me quieran. 

A veces cerrar heridas es abrir el pecho,
y en esta revolución 
pienso disparar a matar 
hasta que a ti,
querido miedo,
te gane la guerra. 
Mientras tanto,
nosotros,
sobreviviremos algún tiempo mas de la cuenta
lo juro,
nadie va a volver a arrancarte las alas. 
Después de tanta batalla 
y tanta lucha interna,
estoy hecha un cuadro,
cuando en realidad
debería estar hecha un poema. 
Lo intenté una y otra vez
y aun así,
no consigo saciar mis ganas
por dejarme morir en cada carcajada que esbozas,
y suicidarme en todos y cada uno
de tus abismos.
Supongo que por eso
sigo sin poder explicarme
que carajos entiende el mundo por arte,
si ninguno ha visto todavía
la cantidad de paisajes
que te guardas ahí dentro. 
Como entender que en nuestro tiempo
dibujé 53 formas de decirte
que me hacías tan inmortal
y eras tan cordura
que contrastaba lo loca que me estaba volviendo (por ti).


Y hablando de locuras
no queda muy lejos el ir y venir
de esa canción que escuchamos tantas veces
corriendo por tus pestañas
mientras te convertías en un músico 
pudiendo tocarme sin necesitar partitura alguna.
Siempre he sido espectadora
de primera fila
en los conciertos que daban tus manos cada lunes o cada viernes,
deslizándose por mi espalda
como si no hubiera mañana
ni verso,
ni poeta con ganas para escribirlas. 
Estaría dispuesta a todo por traducir mis platos rotos,
por recorrerte en cada viaje
y así,
todos los caminos dejarán de llevar a Roma,
para llegar a tu cama,
que aunque no tiene Coliseo,
ahí mi amor libre mis mejores batallas. 

Atisiempre.


María Camila Pulgarin Pardo.

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