lunes, 6 de julio de 2015

A chiqui

El tiempo pasa. Es la jaula universal que nos priva de la libertad. Si lo piensas ya se ha ido. Ahí estaba yo escondida, pequeña entre las agujas del reloj, esperando que se movieran y me llevaran a alguna parte. De pronto llega una persona que te enseña que hay que bailar con los segundos, que la vida es un ritmo, y que puedes construir tu propia coreografía. Más salvaje o menos, pero manteniendo la pureza en tu interior y disfrutando de la esencia de otros que se animen a seguir tus movimientos.



He aprendido de ti Chiqui, y quiero que lo sepas.

Has sacado de algún rincón de mi esa parte dormida que quitaba importancia al mundo y a las situaciones. Me has ayudado a llevar la personalidad al límite, a elegir mejor o peor, pero sopesando todas y cada una de las opciones sin olvidar ese compás, esa música que suena en la vida y que hay que bailar. 
Quiero vivir cada momento de manera que sin querer esté sonriendo, como esas veces que se te hincha tanto el corazón que te sientes infinita por dentro. Y sé que en gran parte ha sido gracias a este tiempo que hemos compartido.
Amor, amistad y lealtad son las tres últimas palabras de la lista que me has dado. El resto están escondidas. Todas y cada una forman parte de tu personalidad y todo lo que transmites. Éstas me las guardo en los bolsillos, porque aunque pesen, son la mejor arma que puedes regalarme para luchar contra todos mis miedos.


Te quiero pequeña. Porque sé que te gusta que te lo diga, aunque a mi me cuesta muchísimo.

Maria Camila Pulgarin Pardo

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