Agosto siete 2015
Tu corazón era una ciudad en ruinas
los restos de un naufragio,
y yo
que siempre he sido más desastre
que persona
me sentí más en casa
que nunca antes.
Quizás sea porque con el tiempo
he aprendido
que en los escombros
se esconden los tesoros más preciosos.
Porque eres la paz
el silencio y la calma
luego de cualquier guerra.
Llegué sin avisar,
como las malas noticias
y las visitas no deseadas;
pero ahí estabas tú
con la vida abierta de par en par
y con más magia en la comisura de tu boca
que en cualquier concierto de un artista favorito
Me escuchaste con la dulzura
con la que un niño presta atención
a cualquier cuento
mientras te vomitaba malos recuerdos
y fantasmas del pasado
que nada tenían que ver contigo.
Te bebiste poquito a poco
el mar que llevaba en los ojos
y me dibujaste una sonrisa preciosa,
de esas que me salen cada vez que te recuerdo.
Seguro que Santiago Cruz hablaba de ti
y un poco de mí
cuando decía que la vida sola se equilibra.
Tú eres el golpe de suerte
que se necesita para seguir adelante
el trébol de cuatro hojas
el amuleto que ahora llevo como bandera.
El «vamos a estar bien, cielo»
el beso en la frente
y las ganas de quedarme
contigo.
Maria Camila Pulgarin Pardo
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