Hay noches para irse lejos, otras para acercarse. Me gustan especialmente las que independientemente de dónde estemos, nos permiten sentir.
Me gusta la noche que te muestra lo inmenso que es cualquier detalle. Un silencio, una canción, un café, una sonrisa.
Especialmente esta última siempre tiene algo que uno disfruta, y no porque uno la haya provocado, no porque sea eterna, no porque sea para uno. Se disfruta porque es una sonrisa, y eso ya es decir bastante en un mundo como el nuestro.
Hay noches, en las que encontramos esa sonrisa muy cerca.
Y una noche, te das cuenta que ese lugar, donde te sonríen así, ese, es el lugar correcto.
Básicamente, la sonrisa es un silencio afinado.
Una canción en la que entiendes la letra.
Un café a tiempo.
Una sonrisa.
Y una mujer que sonríe es una canción, un café, un silencio, es todo. Y te quedas.
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