domingo, 22 de noviembre de 2015

"Sin pie de foto"

Camina como si no supiese que con cada paso
causa una tormenta en algún país.
Como si no supiese que cualquiera se volvería loco
por ver un poquito más arriba de lo que permite su falda.

Le sonríe a la mañana y no se sabe quién alumbra más.
El sol o ella.

Habla de la primavera sin saber que todas las flores las lleva en la mirada.
No sabe cuántas veces le han adornado el cabello
con las amapolas de Monet,
ni cuántas veces más
le han pintado los girasoles de Van Gogh en el vientre.

No sabe que le hace competencia a la luna cada vez que sonríe
y que esas comisuras han sido terreno de acampar para más de uno.

Si le vieran tomando café
apostarían cien días por una oportunidad de ser ese pocillo.
Eso, si no se les va la vida en un suspiro
al ver cómo deja sus labios carmín marcados en el borde primero.

Sonríe con los ojos.
Ríe con todo el cuerpo.
Cuenta historias con las manos.
Hace magia.
(A veces creo que no hace, sino que es).

No le gusta la música común
y  una vez que otra  se pone medias diferentes.

En las madrugadas le da por ser faro.
Por ser nube.
Por ser paraguas.
Por ser precipicio.
O por ser ballena.

Llueve tanto
que se confunde entre nube y charco
y termina convirtiéndose en mar.

Se vuelve ola, barco, tempestad y risco
y choca contra ella misma.
Es espada y pared.

Siempre ríe después de un beso
Talves y sólo talves estoy especulando.

Camina por el centro buscando niños perdidos en la cara de los viejos
y llora viendo un perro buscar una mano amable en la calle.

Y qué bonito.

Hace poesía existiendo.
No de la amarilla.
De la azul y gris.
De la que quiebra costillas al leerla.
De la que pone a prueba los pulmones.
De la que salva y arruina.
De la que deja sabor a café amargo en la boca.
                            (Nota: hay a quienes les gusta el café sin azúcar).

Tiene mil y un mujeres dentro y no lo sabe.
Cada día se viste de una distinta
y pasea por ahí haciendo levitar a quienes tienen la suerte de verla.

Tiene mil y un mujeres dentro, no lo sabe.
Posiblemente nunca lo sepa.
Es descarada e ingenua sin querer.

Y eso es, quizá, lo más bonito de todo.

Maria Camila Pulgarin Pardo.

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