lunes, 22 de junio de 2015

Yo que era de los tristes

Yo, que era de los tristes,
derramé el agua de todos los vasos
medio vacíos
que se interponían entre mi presente
y mi futuro.

Yo, que me desperezaba de toda esperanza
cada mañana al abrir los ojos
por no pelear contra la ausencia de ganas,
vi arder en mis sueños campos de tréboles
de cuatro hojas fosforo en mano
para despertar creyendo,
pero no en la suerte. 

Yo, que saboreé el hastío más insípido
al buscarme entre un montón de gente
que no era yo,
acabé encontrándome cuando 
dejé de reconocerme.

Yo, que era de los tristes,
un día sonreí.

La vida sigue siendo terrible,
pero tengo tus ojos
para mirar lo lleno que puede estar un vaso vacío;
desperezarse tiene que ver con rozar tus pies fríos,
y creo más en el campo de causalidades que te han traído
hasta aquí que en un incendio de casualidades sin sentido;
me empujaste del hastío al amor,
y me encontré en ese punto donde
"me quiero" y "te quiero" se unen.

Y aun así 
a veces,
los fantasmas me cierran los ojos,
me atan las manos,
me cierran la boca,
me gritan que estoy loca
y hacen que me pregunte 
quién soy y por qué
te pareces tanto al incendio,


Yo, que era de los tristes,
ahora lo entiendo:
formar parte de algo grande
siempre me ha hecho sentir 
infinitamente pequeña,
es normal perderse 
viviendo en un corazón tan
inmenso como el tuyo.

Maria Camila Pulgarin Pardo

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